Día 51, Saliendo del abismo

 

Escrita por Sergio Jeria, Profesor de Castellano, Colaborador del GBUCH.

Leer el Capítulo de Hoy

Consolación, es el acto que realiza alguien para aliviar la pena o la aflicción de otro.

¿Has sido consolado por alguien alguna vez? Verdad que cuando la palabra o el alivio son oportunos, es como una lluvia en tiempo de sequía.

Consolador o Paracleto es el nombre que Nuestro Señor Jesucristo otorgó al Espíritu Santo, que es el consuelo sin igual para el cristiano. Es una persona que camina a nuestro lado, que está dentro nuestro, y no una mera influencia.
Este capítulo 51 plantea la acción de Yahvé consolando a su pueblo. ¿Por qué? Porque en su caminar y en la cautividad han quedado heridas profundas, y frente a ellos, surge la promesa V.3: sus soledades y el desierto, lo cambiará en paraíso, alegría, gozo, alabanza y canto. 

La angustia existencial que se experimenta en tiempos de soledad y desierto, muchas veces, nos hace exclamar: ¡Hasta cuándo!,¿Dónde estás Señor? Es la noche oscura del alma, como decía San Juan de la Cruz. Pero antes del túnel, durante, y al final de él, está la consolación que Dios nos puede brindar, basada en su justicia y en la fidelidad de sus promesas y pacto, que según algunos son cerca de 3.500 en la Biblia.(v.2). 

La justicia perfecta de Dios, que otorga a cada uno lo que merece, no arbitrariamente, según la justicia humana, que muchas veces, no deja conforme a nadie, como el presente fallo de la Haya. Su justicia es prometida y cercana a Israel. (v5)

Observa la comparación que se hace con los elementos de la creación, lo que sucederá tarde o temprano, para ilustrar como es su justicia (v6)

El sufrimiento, puede venir de los que nos rodean, de nuestros enemigos, pero la justicia del Creador estará presente. A veces puede provenir el dolor, de un profesor injusto, de un compañero o grupo de compañeros, de las políticas públicas que favorecen cada día a los que poseen más, y, a veces, también del interior de la misma comunidad cristiana. Pero, el Señor, promete a Israel y a nosotros, que su consuelo en justicia permanecerá (v8).
Los vv.9 ,17 y 22 hay una exhortación a ¡despertar!. Porque la injusticia y dolor derrumba y adormece el alma y la acción.

Este es un capítulo de gloriosa esperanza para Israel después de tanto dolor. El señor promete: canto, gozo, alegría y un dolor huyendo (v.11), promesa de libertad y sustento (v14), porque Israel es pueblo suyo (v16). Y tú eres pueblo del Señor por Cristo.

Quiero, en tu presente, a tomar las preguntas del v 19: ¿Quién se dolerá de ti? Y ¿Quién te consolará?
A veces un amigo, otras un compañero, algunas un asesor, muchas los padres, y si no los tienes algún sustituto como abuelos o tíos. Pero siempre, el Espíritu Santo, que provoca por su obra ,que la tristeza se convierta en alegría (Juan 16:20).

Conoces la canción de Carole King “Amigo fiel”. Vamos a cometer una abominación y poner su letra en la persona del Espíritu del Señor. Si puedes, búscala…
Caminando por los pasillos de tu facultad, en el aula, en el casino, en el metro o en el bus, el invisible Paracleto irá contigo.

Quiero terminar el comentario de este capítulo 51, contándote que, un día intenté quitarme la vida en una vía de tren, en Talagante. La angustia física y mental era tan horrible, que aun siendo cristiano quise poner fin a todo.
Cuando comenzaba a ponerse el sol en el horizonte, me invadía un ahogo y una sensación de ahorcamiento, que me nacía en el estómago y subía hasta mi garganta. No se lo deseo a nadie. La única vía para mí, de escapar de ese tormento diario, era lanzarme a las ruedas del tren…no lo hice. El Espíritu Santo me tendió la mano y abortó la intención, fue sacándome, poco a poco del abismo y encauzando el camino. Por ello…puedo estar escribiéndote estas líneas…

La promesa del cap. 51 es histórica, para Israel, pero su aplicación es personal: ¡déjate consolar!

naranja

 

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