Día 1, Construyendo Justicia

franoEscrito por Francisco Flores, Arquitecto, Asesor del GBUCH en Valparaíso.

Antes de comenzar mi reflexión y la lectura del capítulo, mi oración era: Señor, enséñanos lo que tengas que enseñarnos, háblanos lo que tengas que hablarnos, hazte visible y real a través de tu palabra.

Leer el Capítulo de hoy

Fue ahí, cuando comencé a leer Isaías, y me encontré con el capítulo 1. Un capitulo muy confrontacional, muy directo de parte de DIOS hacia su pueblo. Su nación, su creación, su pueblo escogido, sus hijos (a quienes Él había criado como un Padre cuida a sus hijos) le dieron la espalda, se volvieron contra ÉL, se habían rebelado. Es una acusación tremenda, y en el texto nos encontramos con una descripción muy gráfica de lo que DIOS pensaba de ellos. El mensaje se vuelve bastante complejo, lleno de imágenes y expresiones de enojo y hastío de DIOS. Lo bueno es que venía con un mensaje de esperanza. Ahora, sólo me detendré en tres puntos: la indiferencia del pueblo, la adoración del pueblo y la alternativa que DIOS les da.

La indiferencia. Y porqué detenerme en ella, porque me hace mucho sentido, respecto a nuestro contexto.

DIOS les dice:
V7. Su país está desolado, sus ciudades son presa del fuego; ante sus propios ojos los extraños devoran sus campos; su país está desolado, como si hubiera sido destruido por extranjeros. (NVI)

Para mí, estos actos son de injusticia, en donde el opresor abusa de los campos. Esto sucedía ante sus ojos, pero lo que sucediera con sus ciudades no era de su importancia. Se repite en este versículo la expresión:

  • Su país está desolado (NVI).
  • Vuestra tierra está destruida (RV60).
  • Su país ha quedado hecho un desierto (DHH)
  • Y parece ser que a nadie le importa.

Y en medio de estas circunstancias, y de ésta actitud del ser humano, DIOS recibe una adoración, que no es de su agrado:

V. 11-15 “¿De qué me sirven sus muchos sacrificios? —dice el Señor—. Harto estoy de holocaustos de carneros y de la grasa de animales engordados; la sangre de toros, corderos y cabras no me complace. ¿Por qué vienen a presentarse ante mí? ¿Quién les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios? No me sigan trayendo vanas ofrendas; el incienso es para mí una abominación. Luna nueva, día de reposo, asambleas convocadas; ¡no soporto que con su adoración me ofendan! Yo aborrezco sus lunas nuevas y festividades; se me han vuelto una carga que estoy cansado de soportar. Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos; aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé, pues tienen las manos llenas de sangre.” (NVI)

Ellos seguían cumpliendo los rituales, con sus sacrificios, matando animales, derramando sangre. Seguían con su religiosidad, sus cultos, sus retiros, sus eventos. Seguían orando, levantando las manos, más de alguno se emocionó al hacerlo. Y me imagino que creyeron que los estaban haciendo de maravilla! Pero necesitaban escuchar que esto no estaba bien.

Lo bueno, es que Nuestro SEÑOR les dice lo que hay que hacer para enmendar la situación. 

V. 16-17 “¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!”

Justicia (esta palabra aparece entre 4 y 5 veces en el capítulo, según sea la versión). La invitación de dejar de hacer el mal, venía de la mano con construir justicia. Hacer el bien, agradar a DIOS está relacionado con reprender al opresor, con abogar por el huérfano y defender a la viuda. Lo que se le estaba pidiendo al pueblo era que se ocuparan en los más indefensos de la época, esos por quienes nadie se interesa, esos por quienes muchos sentían indiferencia.

Algunas preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué cosas pasan por nuestras narices, en nuestras ciudades, en nuestros contextos, y que causan en nosotros es indiferencia?
  • ¿En qué situaciones también actuamos con injusticia?
  • ¿De qué manera somos rebeldes, y le damos la espalda a nuestro PADRE?
  • ¿Cuánta de nuestra adoración no agrada a DIOS, por actuar incorrectamente?
  • ¿Cómo construimos justicia en nuestros días? ¿Quiénes eran y quienes son “las viudas y los huérfanos”?

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