Día 5, Una Amarga Vendimia

marcoEscrito por Marco Cavalieri, Ingeniero Comercial, Asesor del GBUCH.

..Por sus frutos los conoceréis

El capítulo que leeremos hoy, lleva la extensa obertura del libro a un enérgico clímax. Lee el Capítulo de Hoy

El inicio nos entrega una parábola representada como una canción de amor que nos habla de una Viña. Cuando comencé a leer me acorde del jardín amurallado y el vergel del cantar de los cantares (Cantar de los Cantares 4:12-15) y me dije “seguramente hablará de una novia y su hermosura, guardada celosamente para el novio”. Pero al continuar pude imaginar a los primeros oyentes quedando boquiabiertos, ya que luego de pedirles su opinión descubrirían que igual que David ante Natán (2 Samuel 1:7) habían estado asintiendo a su propio enjuiciamiento.

Un hombre tenía una Viña con todo lo necesario para dar buenas uvas, tenía un lugar de tierra fértil, las mejores semillas (vídes), una torre de vigilancia y un lugar cercano para hacer el vino (lagar). El hombre esperaba que las uvas fueran dulces pero solo cosecho uvas amargas (silvestre o agrias).

¿Porque paso esto?, ¿De quién fue la culpa?, Si el dueño de la viña hizo todo lo posible ¿porque los frutos no fueron los que Él esperaba?

La revelación es desoladora. El Señor es el dueño de la Vid y ésta es su pueblo. La plantó con vides escogidas; les dio la ley más excelente, les instituyó las ordenanzas adecuadas. El templo era una torre donde Dios dio señales de su presencia e Instaló su altar al cual debían llevar los sacrificios, todos estos medios de gracia dados por Dios. Por eso los frutos de su pueblo debían de ser acordes a la Identidad que Dios les había dado.

El resultado fue doloroso, así como Jesús dijo “toda rama que no tiene frutos es cortada y echada al fuego” El Señor decide dejar de proteger a Israel, lo que traería obvias consecuencias “… echare abajo sus cercos y dejare que se destruya. Derrumbare sus muros y dejare que los animales la pisoteen. La convertiré en un lugar silvestre, donde no se podan las vides ni se remueve la tierra; un lugar cubierto de cardos y espinos. Ordenare a las nubes que no dejen caer la lluvia sobre ella”

Luego el profeta anuncia seis amenazas contra el pueblo…

Hay de ustedes que:
(v8) “…compran casas y más casas, campos y más campos, y no dejan lugar para nadie más” (TLA)
(v11) “…muy temprano comienzan a emborracharse y todavía de noche siguen tomando” (TLA)
(v18) “…arrastran sus pecados con sogas hechas de mentiras, que arrastran tras de sí la maldad como si fuera una carreta” (NTV)
(v20) “… a lo malo dicen bueno y a lo bueno dicen malo” (RV60)
(v21) “… se creen sabios en su propia opinión y se consideran muy inteligentes” (NTV)
(v22) “…Para beber vino y mezclar licores son los campeones!, pero en realidad son todos unos corruptos! Por dinero dejan en libertad al culpable, y no respetan los derechos del inocente

He aquí una muestra, no un inventario, relacionados con el tema que ha prevalecido hasta ahora en Isaías: la arrogancia humana, la soberbia y la codicia. No es que sea pecado que los que tienen una casa y un campo, se compren otra; la falta radica en que nunca saben cuándo tienen suficiente ya que la codicia se ha vuelto su ídolo. Es así como vemos ejemplos de muchas cosas que son licitas pero que terminaron por alejar el corazón de Israel de Dios.
¿En nuestra sociedad cuantas de estas características están presentes? ¿en nuestros grupos o en nuestra vida?

El término del capítulo 5 (v24-30) muestra el enojo por parte de Dios al ver como su pueblo desprecio su palabra y arrojo lejos su ley. El relato es estremecedor. Cuando Dios manifiesta su ira, tiemblan las colinas y el miedo agarra aun a los grandes hombres. El ejército, terrible en su precisión y ferocidad, descrito en los versículos finales como una pavorosa unión entre máquinas y bestias salvajes, es Asiria. Pero esta potencia, la mayor de su época, está a disposición de Dios (v26), pobre consuelo para el rebelde, para quien este capítulo termina sin un rayo de esperanza.

Para finalizar quiero que reflexionemos en el versículo 7 que dice:
“La nación de Israel es la viña del Señor de los ejércitos celestiales. El pueblo de Judá es su agradable huerto. Él esperaba una cosecha de justicia, pero en cambio encontró opresión. Esperaba encontrar rectitud, pero en cambio oyó gritos de violencia” (NTV)

¿Qué estará esperando de nosotros, sus hijos, nuestro Padre?
¿Nuestros frutos demuestran que estamos “aprendiendo a hacer lo bueno”?

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