Día 7, Cuídate y ten calma

hansEscrito por Hans Gac, profesor de Lenguaje, Asesor del GBU Social.

Leer el Capítulo de hoy

Antes de reflexionar en este pasaje es preciso aclarar un poco el contexto histórico: Alrededor de 931 a. C, después de la muerte de Salomón, todas las tribus de Israel a excepción de Judá y Benjamín (llamadas las diez tribus del norte) se negaron a aceptar a Roboam, el hijo y sucesor de Salomón, como su rey.

Sólo la tribu de Judá permaneció fiel a la casa de David. Pero muy poco después la tribu de Benjamín se unió a Judá. El reino del norte sigue siendo llamado el Reino de Israel, o Israel, mientras que el reino del sur fue llamado el reino de Judá.

Luego, aconteció que los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios quien sacó a sus padres de Egipto y los llevó a la tierra prometida, por tanto, como les prometió: “Pero acontecerá, si no oyes la voz de Jehová, tu Dios, y no procuras cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones…” (Deuto 28:15) “Jehová os llevará, a ti y al rey que hayas puesto sobre ti, a una nación que ni tú ni tus padres conocíais, y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra”. (Deuto 28:36). Fue así que Dios entregó a su pueblo a lo asirios.

En el capítulo siete de Isaías se narra lo que sucede en el reinado de Acaz en Judá. Mientras en el norte, amenazados por la expansión asiria, Efraim y Aram habían formado una alianza para dar frente a los asirios y cuando Judá se mostró indecisa en unirse, la presionaron mediante la fuerza. Sin embargo, Judá resistió la invasión de de los del norte (Isa 7:1). Estas noticias llegan a Acaz, rey de Judá, guarda de la cada de David y su corazón se estremece de temor. Es en este momento que Dios llama a Isaías para darle palabra al rey: “Cuídate y ten calma; no temas ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el ardor de la ira de Rezín y de Siria, y del hijo de Remalías” (Isa 7:4). Para Isaías la fe en las promesas de Dios era una forma práctica de vida para el aquí y el ahora y era tanto una política nacional como un ejercicio individual. Sin embargo, el imperialismo asirio ponía a prueba esta manera de actuar, pero tal como Isaías lo entendía la verdadera cuestión no trataba de fuerza militar o astucia política a la hora forjar alianzas defensivas, sino si podían fiarse de que el Señor haría lo que prometía su palabra. 

“Cuídate y ten calma” no quiere decir “está alerta del enemigo y no te preocupes” Si no más bien “Cuídate de no hacer nada”. A pesar de que el plan de Acaz de aceptar la alianza con los del norte, Aram y Efraim era a primera vista la más lógica y conveniente; el consejo de Isaías es más sabio aun puesto que Aram y Efraim eran una fuerza agotada que no ofrecerían resistencia alguna al imperio asirio. La cuestión no se trataba de fuerza ni de política sino de fe y confianza. 

Con Dios la situación siempre consiste en confiar en él, en creer y obedecer sin cuestionar. Pero lamentablemente tendemos a hacer lo contrario siempre y cada vez que no creemos y no confiamos, todo sale mal. Desde Adán y Eva hasta hoy la historia del pecado ha sido básicamente la falta de confianza en Dios. Acaz había desconfiado y desobedecido a Dios desde el principio de su reino “Veinte años tenía Acaz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén: pero no hizo lo recto ante los ojos de Jehová, a diferencia de su padre David. Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes fundidas a los baales”.(II Cron 28:1-2).

Dios nos promete lo mejor para nuestras vidas; tal como lo tenía preparado para su pueblo escogido, para cada uno de sus hijos tiene un plan perfecto una vida llena de bendiciones y de gratos momentos en él. Sin embargo, constantemente escogemos otras vías que a nuestro parecer son más convenientes. Gracias a Dios por su misericordia que ante cada error que cometemos el tiene preparado un salvavidas; Acaz había hecho lo malo ante Dios y aun así el Señor le promete protección absoluta ante las amenazas de invasión, ordenándole que no haga nada “Cuídate y ten calma”. Aun así, de mucho nos perdemos por errar, luchando en nuestras fuerzas.

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