Día 46: Su justicia, su salvación, su gloria

Escrita por Nicolás Castillo, Psicólogo, Colaborador del GBUCH.

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El Hombre va de continuo en contra de Dios. La Historia de “la casa de Jacob” y “todo el resto de la casa de Israel” no es la excepción. Lamentablemente, tu corazón y el mío, constantemente tienden a repetir la misma historia.

Muchas veces corremos deliberada e intencionalmente lejos de Dios. Otras veces, engañados por nuestras propias ideas pecaminosas, pensamos que aun estamos cerca de Él. Sin embargo, en ambos casos, en nuestro interior sea hace notaria nuestra lejanía.

Apartados de nuestro “Hacedor”, nuestro corazón comienza una búsqueda continua y desenfrenada de deleite en la obra de nuestras manos. No nos conformamos con intentar huir de Jehová, sino que, despojados de todo deleite en su Supremacía, decidimos crear dioses que intenten aminorar nuestra desesperación. Forjamos ídolos según nuestra semejanza y acorde a nuestras expectativas.

En instantes, pareciera que todo está resultando bien, y que no es tan problemático no rendir adoración a Dios. Quizás pensamos que no estamos tan lejos o que es posible conciliar en nuestras vidas el culto a Dios y nuestros ídolos. Sin embargo, estamos cometiendo doble pecado: nos apartamos de Dios y creamos dioses vanos para adorar.

Durante todo este proceso, Dios continua esperando con su celo santo. Nos recuerda, de su fidelidad incansable, diciendo. “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. ¡Cuántas veces menciona la palabra “yo”! Es que necesitamos volvernos a Él, el único que es digno de gloria en todo el universo.

Nos pregunta insistentemente: “¿A quien me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes?” De la misma forma, interviene en nuestras vidas, y nos dice: “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada semejante a mí”.

Sabiendo que aún escuchando su voz, intentaremos huir de presencia nos llama la atención y nos da esperanza diciendo: “ Oídme duros de corazón, que estáis lejos de la justicia: ‘Haré que se acerque mi justicia, no se alejará, y mi salvación no se detendrá. Y pondré mi salvación en Sion, y mi gloria en Israel”.

Al final del capítulo 46 nos encontramos con la imponente verdad del Evangelio: Tanto está interesado su corazón en nuestra salvación, que nos da su justicia. Tanto está interesado Dios en su gloria, que nos da salvación! No hay motivo más grande para su justicia, que le demos a Dios lo que merece: adoración. Nos damos cuenta que su justificación y salvación, están directamente relacionados con su Gloria.

Algunas preguntas para la reflexión:

  • ¿Vas en pos de Dios o estás huyendo de él? ¿Seguro (a)?
  • ¿Estás satisfecho en la Supremacía de Dios?
  • ¿Qué ídolos estás forjando para darle adoración?
  • ¿Dispuesto (a) a escuchar la voz de Dios ir volverte a Él de todo corazón?
  • ¿Reconoces su fidelidad?
  • ¿Reconoces que Dios es el único merecedor de adoración?

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